La última operación de Ares terminó justo al amanecer y, sin pensarlo dos veces, se dirigió a casa. Estaba agotado; solo quería darse una ducha y dormir unas horas. Al llegar, su esposa lo recibió con cariño, lo ayudó a quitarse la ropa y lo guio hasta el baño.
Ares dejó que su esposa lo atendiera. Por primera vez en su vida, se sintió importante para alguien. La forma en que Agnes demostraba su amor lo llenaba, aunque no pudo evitar sentirse culpable al ver su rostro. Pensó que no la merecía;