Los rumores no nacieron de una conversación concreta ni de una escena escandalosa. No hubo besos robados en pasillos ni miradas descaradas en la sala de descanso. Los rumores comenzaron como suelen hacerlo en lugares cerrados, cargados de tensiones y silencios: en susurros, en interpretaciones, en gestos mínimos que cada quien acomodó a su conveniencia.
Todo empezó después de la cirugía.
El paciente había sobrevivido a un procedimiento que muchos consideraban casi imposible, y eso convirtió el