La confrontación no ocurrió de manera explosiva. No hubo gritos en los pasillos ni escenas públicas que alimentaran aún más los rumores. Fue, como todo entre ellos últimamente, un choque silencioso, inevitable, cargado de todo lo que no se había dicho.
Agnes lo llamó a su oficina a última hora de la tarde, cuando el hospital comenzaba a vaciarse lentamente y los pasillos adquirían ese eco particular que solo aparece cuando el día está por terminar. El mensaje fue breve, estrictamente profesiona