Me llevaron a una sala y empezaron a enseñarme ropa de telas suaves que apenas me atrevía a tocar. Me sentí pequeña, torpe. Me daba miedo tocar esas telas con detalles tan finos que daban miedo de solo rozarlos. Me mostraron vestidos, blusas, zapatos… Todos preciosos, todos ajenos a mí. Ropa que jamás pensé ver en mi vida.
—Esto realzará su figura —comentó una de ellas, colgando sobre mi brazo un vestido azul celeste, tan delicado que parecía una nube.
—Y este resalta el tono de su piel —añad