CONTRATO CON EL ARROGANTE CEO.
Una semana después.
Sábado.
No volvimos a hablar del tema. Gabriel me conocía demasiado bien; sabía que insistir solo lograría mi enojo.
Caminaba hacia el garaje cuando la vi. Estaba sentada junto a la fuente, acariciando las flores como si no tuviera ninguna preocupación en el mundo. Cuando reaccioné, ya estaba parado tras ella.
Ella lo sintió. Se levantó de golpe, nerviosa.
—Su señoría.
Respiré hondo, intentando contener el fastidio que me provocaba escucharla l