Capítulo 79

Detuvo el auto frente a la mansión con un frenazo seco que me sacudió todo el cuerpo. Apenas entramos a la mansión, él cerró la puerta con un golpe seco. Ni siquiera me dio tiempo de respirar; me tomó por la muñeca y me empujó contra la pared. Tragué saliva.

Sus ojos…

Oscuros.

Afilados.

Peligrosos.

—Eres un maldito problema —escupió, con voz baja, como si contuviera un incendio.

Pestañeé, incrédula.

¿Perdón?

— Si soy un problema, ¿por qué carajos te complicas la vida conmigo? —respondí levan
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