Escuché una carcajada. Eso en él no era normal, quise levantar el rostro para confirmar que era real lo que escuchaba, pero no debía hacerlo. Lo escuché caminar. Me quedé como estatua de yeso, intentando que mi corazón regresara a su lugar. Ese hombre disfrutaba haciéndome perder el equilibrio.
Por esa razón era el diablo.
…
Cuando regresé a la realidad, todo volvió a ser un caos. Peor, de hecho. Los rumores de nuestro compromiso se estaban expandiendo como fuego en pasto seco. Por si fuera p