Con Declan llegamos al jet privado, donde Vincent ya estaba. Se había encerrado en su cabina privada.
Las manos me temblaban. El corazón se me quería salir del pecho. Declan se inclinó un poco hacia mí y me susurró que lo mejor era esperar a que se tranquilizara.
Vincent Sinclair nunca se tranquilizaba.
Solo enterraba todo más profundo.
Llegamos a la mansión y ni siquiera me dejó articular palabra. Desapareció dentro de la casa como si yo no existiera. Respiré profundo y
esperé.
Más tarde, en