CONTRATO CON EL ARROGANTE CEO.
En ese momento olvidé articular palabras. Solté un suspiro tembloroso cuando dejó otro beso más lento sobre mi tobillo antes de levantar la mirada hacia mí. Dejó otro beso más arriba, su lengua rozó mi piel, mordí el interior de mi mejilla intentando contener un gemido.
—Dime, Taz —dejó otro beso más arriba—. ¿Todavía estás molesta?
Ese súcubo disfrutaba jugar conmigo, eso hacían los demonios torturar a sus víctimas. Sus labios siguieron subiendo con deliberada l