Emily no pudo contener más las lágrimas.
Se escondió en el baño del apartamento, con el teléfono entre las manos temblorosas, mientras las palabras de Albert todavía resonaban en su cabeza:
“Helena dijo que está embarazada.”
Sabía que él lo negaba. Sabía que él le había prometido que no había pasado nada. Pero no era solo la noticia. Era todo.
Los titulares. Los regalos que seguían llegando a su nombre. Las miradas en la calle. El odio en las redes. Los comentarios en la oficina, incluso de per