Helena se había convertido en un tipo de amenaza nueva.
No era explosiva. No era directa.
Era pasivo-agresiva con maestría, como una diseñadora de guerra emocional en alta costura.
Y Emily, que al principio intentó hacer como que no la veía, ya no tenía fuerzas para seguir fingiendo.
Aquella mañana, encontró una nota encima de su taza de café:
“Recuerda que los jefes admiran la eficiencia, no el coqueteo.
¡Ánimo en tu rol de asistente!”
Emily sonrió sin sonreír, tomó la nota con delicadeza, y l