El lobby del hotel era un espectáculo de mármol brillante, flores tropicales perfectamente arregladas y recepcionistas que sonreían con una cortesía medida. Emily bajaba sola, con su carpeta en mano y la vista fija en su celular, revisando la agenda del día y tratando de no tropezarse con las alfombras demasiado mullidas que le recordaban su falta de experiencia en hoteles de lujo.
—¿Thompson? ¿Emily Thompson?
Emily se detuvo en seco.
Esa voz…
Levantó la mirada lentamente y parpadeó varias vece