—¡¿QUÉ CLASE DE MONSTRUO ERES TÚ?! —bramó Fernando, con los ojos llenos de lágrimas de rabia—. ¡¿ACASO NO AMAS A CARMEN?!
—¡Claro que la amo! —rugió Nicolás, y con un movimiento brusco, se soltó del agarre de Fernando, empujándolo hacia atrás—. ¡La amo más que a mi propia vida!
Nicolás se ajustó la chaqueta, respirando agitadamente.
—Pero yo no sabía que era ella cuando testifiqué en su contra —dijo Nicolás, bajando la voz, pero manteniendo la intensidad—. ¡No lo sabía, imbécil! Cuando la vi en