—¿Y a Nicolás? —preguntó ella. El nombre salió rápido, cargado de veneno.
Fernando dudó un segundo.
—Hay menciones. Transferencias autorizadas por él. Pero... parece que Marcos hacía la mayor parte del trabajo sucio a sus espaldas. Aún así, es cómplice.
—Bien —dijo Valentina, sus ojos brillando con frialdad—. Úsalo.
—Siento mucho lo de tu condena, Valentina —dijo Fernando, apretando la mano de ella sobre la mesa—. Te juro que me siento un inútil. Yo no sé cómo sacarte de aquí legalmente ahora m