Al mismo tiempo, las otras dos espartanas placaron a La Bestia. Fue como ver a una manada de leonas derribar a un búfalo. La Bestia rugió y lanzó un golpe, pero Tigra le propinó una patada brutal en la rodilla, haciéndola caer al suelo con un estruendo.
El comedor estalló en caos. Gritos, bandejas volando, reclusas subiéndose a las mesas para ver el espectáculo.
Valentina se quedó paralizada, viendo cómo sus agresoras eran neutralizadas con una eficiencia militar.
—¡Atrás! —gritó Tigra, mirando