El lugar era un infierno de ruido y calor. Las calderas rugían como bestias.
La empujaron contra una mesa de trabajo manchada de aceite.
—Vas a pagar el precio completo, Esclava —susurró La Reina al oído de Valentina—. El general Ferrán me ha enviado un mensaje. Quiere verte destrozada. Y yo... yo tengo que recuperar mi dignidad marcándote como el ganado que eres.
La Reina abrió una caja de herramientas oxidada.
No sacó un cuchillo.
Sacó un rollo de alambre de púas, viejo, oxidado y cruel.
—No