La celda de aislamiento se había convertido en el cuartel general de la resistencia de una sola mujer.
Valentina yacía en el suelo frío, con el hombro quemado palpitando y el recorte de prensa que le dejó Galiano arrugado en su mano. El titular confirmaba que el caos había llegado a El Muro, y esa certeza le inyectó una adrenalina helada. Fernando había movido ficha desde las sombras, agitando el avispero. Ahora, la directora Carmenza reaccionaría con picaduras mortales.
Valentina dejó el perió