El sonido del motor del deportivo negro ronroneó en la entrada de la mansión. Nicolás, impecable en un traje oscuro sin corbata, ajustaba sus gemelos mientras bajaba las escaleras. Marcos lo esperaba junto a la puerta del conductor, revisando algo en su teléfono con expresión seria.
Beatriz apareció en el vestíbulo, envuelta en una bata de seda que insinuaba más de lo que cubría. Su sonrisa era perfecta, ensayada, pero sus ojos delataban la ansiedad de quien siente que pierde el control.
—¿Vas