Mundo ficciónIniciar sesiónEl invierno había llegado de golpe a Moscú una vez más, con las primeras nevadas cubriendo los parques y el aire frío colándose por las ventanas entreabiertas del ático. Nikolai tenía ya tres meses, un bebé gordito, de ojos grises curiosos como su padre y sonrisa fácil que derretía a todos. Alexei, con ya casi dos años, era un torbellino de energía, hablando cada vez más, mezclando palabras rusas con colombianas que doña María le enseñaba.
Esa mañana, el salón estaba lleno de juguetes esparcidos, bloques, camioncitos, un móvil musical que sonaba suave sobre la cuna de Nikolai y muchos, pero muchos peluches. Sofía estaba sentada en el suelo, Nikolai en su regazo tomando el biberón, los ojos marrones oscuros de ella fijos en Alexei que construía una torre alta con bloques. _Mira, mamá. ¡Torre grande!— dijo Alexei con orgullo de niño, apilando el último bloque. Sofía sonrió, su voz suave y cálida mezclada en acentos. _¡Qué linda, mi amor! La más alta que has hecho. ¿Para quién es? Alexei miró a Nikolai, que se alimentaba tranquilo. —Para él. ¡Para que juegue!— dijo señalando a su hermanito. Pero cuando Nikolai soltó el biberón y gorgoteó feliz, extendiendo la manita hacia la torre, Alexei frunció el ceño. —No… mío. Viktor entró desde la cocina con café para Sofía y jugo para Alexei, viendo la escena. —¿Qué pasa, pequeño zar? ¿Compartes con tu hermano? Alexei cruzó los brazos, serio. —No. bebé rompe.— protesta Alexei en un puchero. Sofía se rió bajito y de buena gana, su mirada oscila de Nikolai a Viktor. —Ven, amor. Toma a este glotón mientras yo ayudo a Alexei. Viktor agarró al bebé, dándole un besito en la cabecita. —Nikolai no rompe nada, malysh. Solo quiere jugar como tú. Alexei miró dudoso, pero dejó que Sofía se sentara a su lado. —Vamos a hacer dos torres. Una para ti y una para Niko. Alexei pensó un segundo, luego asintió. —¡Dos! Construyeron juntos, Sofía ayudando con los bloques bajos, Alexei apilando arriba. Doña María salió de la cocina con una bandeja de fruta cortada. —¡Mis nietos trabajando en equipo! ¡Eso es! En Colombia los hermanos se ayudan desde chiquitos, buen compañerismo. Puso la bandeja en la mesa baja. —¡Mango para Alexei y plátano machacado para Nikolai! Alexei corrió a por su mango. —¡Gracias Yaya! Nikolai, en brazos de Viktor, gorgoteó queriendo su plátano. Viktor lo sentó en la sillita, le dio la papilla. —Come, pequeño. Crece fuerte para alcanzar a tu hermano. La mañana transcurrió en juegos, Alexei empujando a Nikolai en el columpio suave de bebé, riendo cuando el pequeño pataleaba feliz. Pero al mediodía, cuando Nikolai lloró por sueño, Alexei se puso serio otra vez. —¡No llorar! ¡Jugar! Sofía lo abrazó tratando de calmarlo suavecito. —Nikolai necesita siesta, mi amor. Como tú cuando eras bebé. Después juega contigo. Alexei miró la cuna donde Viktor acostaba al pequeño. —¿Promesa? Viktor se agachó a su altura y le habló bajito como si le fuera a contar un secreto entre ellos. —Promesa, pequeño. Papá te lleva al parque mientras Niko duerme. Alexei sonrió un poco, con los celos olvidados. —¡Parque! ¡Sí! Siendo ya de tarde, se fueron de paseo los cuatro, doña María insistió en ir, Alexei corriendo por el parque con hojas secas, Viktor empujando el cochecito de Nikolai dormido, Sofía caminando del brazo de su madre. —Mira cómo cuida Alexei del hermanito— dijo doña María, orgullosa. Sofía sonrió. —Poquito a poco se ajusta. Al principio celoso, ahora protector. Viktor se unió. —Como yo con Nikolai. Quiero que sean inseparables. El atardecer llegó y todos volvieron a casa donde la abuela se dedicó a cocinar una cena temprana, Nikolai ya estaba durmiendo y Alexei estaba en la mesa sentado, aprendiendo a hablar cada día más. —¡Hoja grande! ¡Para Niko!— dijo, mostrando una hoja seca que guardó con una figura muy curiosa. Doña María lo abrazó con alegría dándole besitos en la mejilla. —¡Qué buen hermano! Mañana se la das. La luz de la luna se filtra por las ventanas, Alexei ya durmiendo en la cama de su habitación con su camioncito abrazando al lado, Nikolai en cuna. Sofía y Viktor en el sofá, ella con cabeza en su regazo como siempre. —¿Ves? Se ajustan perfecto.— dijo ella en un murmullo soñoliento. Él le acarició el cabello con suavidad, saboreando cada minuto, cada momento. —Como nosotros. De todo lo que pasamos… Viktor se inclina y deposita un beso lento y profundo en ella, Sofía corresponde y se dan amor. Cada día sentían que era especial, nuevas aventuras. Aunque que sabía que Alexei y Nikolai podrían ser rivales en un futuro, quizá en la lucha por el trono, pero mientras tanto eso está lejos de ser, demasiado lejos para preocuparse, por ahora... se disfruta del momento y más adelante, ya veremos.






