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Capítulo 95: Dimitri está de vuelta.

El invierno en Moscú ya estaba instalado con nieve ligera cubriendo los parques y el aire frío que hacía que el ático se sintiera más cálido por dentro. Nikolai tenía ya cuatro meses, un bebé risueño, gordito, con ojos grises curiosos y una risa que llenaba la casa cada vez que alguien le hacía cosquillas. Alexei, con dos años, era un torbellino de preguntas y juegos, hablando cada vez más claro, mezclando ruso con palabras del Caribe que doña María le enseñaba.

Esa tarde, Sofía estaba en el salón amamantando a Nikolai en el sofá, cubierta con una manta suave, ella miraba a su hijo fijamente que chupaba tranquilo. Viktor jugaba en el suelo con Alexei, construyendo una pista de carros con bloques.

—¡Mira, papá! ¡Carro rápido!— gritaba Alexei, empujando su camioncito favorito.

Viktor reía, fingiendo que su carro perdía la carrera.

—¡El tuyo gana siempre, pequeño zar! Eres imbatible.

Doña María salió de la cocina con bandeja de fruta.

—¡La meriendita! ¡Mango para Alexei y plátano para Nikolai cuando termine!

De repente, el interfono sonó.

Viktor se levantó, extrañado.

—¿Esperamos a alguien?—pregunta.

Sofía negó con el ceño fruncido en confusión y curiosidad, acomodando a Nikolai en su brazo.

—No que yo sepa.

Viktor atendió.

—¿Sí?

Y aquella voz familiar retumbó.

—Jefe… abre. Traigo sorpresa.

Viktor sonrió grande, emocionado de volver a escuchar a su mejor amigo, su hermano de trabajo.

—¡Dimitri! ¡Sube, hombre!

Minutos después, la puerta se abrió y entró Dimitri, un poco más bronceado, barba recortada, sonrisa enorme, y al lado una mujer morena preciosa, doctora como habían contado, con ojos brillantes y acento suave.

—¡Familia! ¡Volvimos!— exclamó Dimitri, abrazando a Viktor fuerte.

Sofía se levantó con Nikolai en brazos, cubierta.

—¡Dimitri! ¡Cuánto tiempo! ¡Y tú debes ser Ana, la famosa doctora!

Ana sonrió, abrazó a Sofía con cuidado.

—Encantada por fin. Dimitri no para de hablar de ustedes, la familia Volkov.

Alexei se escondió un poquito nervioso y tímido detrás de las piernas de Viktor, mirando con ligera curiosidad.

Dimitri se agachó a su altura con una suave sonrisa y que no sirve para amenazar.

—¿Me recuerdas, pequeño? Soy tío Dimitri. Te traje regalo de la playa.

Alexei salió despacito, con sus ojos grandes y curiosos.

—¿Tío?

Dimitri lo agarró en brazos dando una vuelta entera.

—¡El mismo! ¡Cómo has crecido pequeño zar! Me acuerdo cuando apenas pesabas unos gramos, eras un bollito arrugado.

Alexei se rió, recordando apenas poquito en su memoria lejana de bebé, quizá reconociendo el peinado y la sonrisa icónica.

—¡Regalo!

Doña María salió, abrazó a Dimitri y después a la joven Ana.

—¡Mi ruso favorito! ¡Y la novia guapa! ¡Pasen, que hay arepas!

Se sentaron todos en el salón.

Dimitri contó toda la travesía de su viaje, meses en Grecia y Turquía con Ana, descanso después de meses de trabajo intenso.

—Necesitábamos desconectar. Pero extrañé esto, el caos familiar.

Ana sonrió, mirando a Nikolai en brazos de Sofía.

—Y este debe ser Nikolai. ¡Qué lindo!

Sofía se lo pasó con cuidado.

—Tu primer encuentro oficial. Nikolai, conoce a tío Dimitri.

Dimitri lo tomó, el bebé lo miró curioso, luego sonrió grande y gorgoteó.

—¡Mira eso! Ya me quiere, awww.

Alexei se acercó, con el ceño fruncido un poquito celoso haciendo puchero.

—¡Mío bebé!

Dimitri no pudo aguantar y se rió, entonces lo sentó al lado.

—Compartimos, pequeño. Tío Dimitri trae juguetes para los dos.

Sacó varios regalos, un camioncito grande para Alexei, un sonajero colorido para Nikolai y unos que otros peluches para compartir ambos.

Alexei abrazó el camioncito fuertemente y con alegría.

—¡Gracias tío Dimi!

Nikolai agitó el sonajero feliz mirando la cara de todos.

Doña María sirvió las deliciosas arepas que ya no para de hacer siendo su pan de cada día.

—¡Coman! ¡Que Dimitri está flaco del viaje!

Todos mantuvieron una charla animada, Dimitri contando anécdotas de playas, Ana hablando de su trabajo como doctora, Sofía y Viktor actualizando de los niños.

—Nikolai come como loco— dijo Sofía, mencionando como comía de todo pero que también hacía un reguero al terminar.

—Y Alexei ya defiende su territorio— agregó Viktor, riéndose.

Dimitri miró a la familia, con sus ojos brillantes llenos de orgullo al sentirse parte de aquí.

—Esto es lo que extrañé. Volvimos para quedarnos.

Ana apretó su mano.

—Y para ser parte de esto, parte de este Imperio.

Todos se alegraron, Sofía sonrío ampliamente, compartido la misma emoción con Viktor, la abuela y sus dos pequeños, por supuesto que serían recibidos y claro de hecho, Dimitri siempre fue parte de esta familia.

En la tarde decidieron jugar algunos juegos, Dimitri jugando con Alexei en el suelo, Nikolai en brazos de Ana fascinado con su collar.

Doña María preparando una rica cena casera como lo hacen las buenas abuelas, Sofía y Viktor en el sofá, mirándolo todo, sintiéndose felices y completos, llenos de alegría.

—Dimitri de vuelta… se siente completo otra vez— susurró ella con la cabeza apoyada en el hombro de su amado.

Él le besó la mano con delicadeza y cuidado.

—Familia grande. Como debe ser. La casa se siente más llena ahora, más completa... Deberíamos buscar una casa más grande, algo más para llenar los espacios vacíos que quedan rellenar.

Sofía sonríe llena de felicidad, y asiente levemente. —Sí mi amor, deberíamos llenar todo lo que falta, contigo, mamá, Dimitri, Ana, los bebés y próximos a venir... siento que todo se siente bien, y te amo por eso.

Ambos se dan un beso suave, y todos estaban disfrutando de este momento, la familia se ha crecido un poquito más y lo que falta por crecer.

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