Mundo ficciónIniciar sesiónEl ático en Moscú olía a mezcla perfecta; café de tradición recién colado por doña María, fórmula para Nikolai y el aroma suave de bebé nuevo que llenaba todo. Habían pasado diez días desde el nacimiento, y la rutina familiar se ajustaba poquito a poco, como un rompecabezas que encontraba sus piezas.
Sofía estaba en el sofá del salón, Nikolai amamantando tranquilo contra su pecho, los ojos marrones oscuros de ella cerrados un momento por el cansancio dulce de las noches cortas. La panza de Sofía como globo desinflado, pero el cuerpo todavía estaba recuperándose, con esa suavidad post-parto que Viktor no podía dejar de tocar ni de apreciar. Viktor entró a la cocina con una taza de té para ella, Alexei siguiéndolo como sombra, camioncito en mano. —Aquí tienes, Sofía… té de manzanilla con miel, como te gusta. Para que descanses un poquito. Ella abrió los ojos, sonrió cansada pero feliz. —Gracias, amor. Nikolai come como campeón. Creo que va a salir más grande que Alexei. Viktor se sentó a su lado, y le besó su hombro. —Con la leche de mami costeña y los genes rusos, sale gigante. Mira cómo agarra ya. Alexei se subió al sofá con esfuerzo, mirando al bebé con curiosidad mezclada con algo nuevo; un poquito de celos. —¿Bebé come mamá? preguntó, señalando. Sofía lo atrajo hacia ella con el brazo libre. —Sí, mi amor. Nikolai tiene hambre, como tú cuando eras chiquito. Pero mamá tiene para los dos. Alexei frunció el ceño, se acercó más y puso su manita en la cabeza de Nikolai. —T*ta mía mamá. Viktor se rió bajito, y lo carga en brazos. —Mamá es de los dos, pequeño zar. Y papá también. Mira, Nikolai ya te quiere, ve cómo te mira. El bebé soltó el pecho un segundo, eructó y miró a su hermano con ojos grises curiosos. Alexei se inclinó, le tocó la mejilla suave. —¿Bebé? Sofía sonrió, y no pudo evitar sentir los ojos húmedos por lágrimas contenidas y mira a Viktor antes de volver a ver a Alexei. —Sí, mi amor. Bebé. Tu hermanito. Doña María salió de la cocina con bandeja de frutas cortadas y arepas pequeñas. —¡Desayuno para la mamá que amamanta! ¡Y para el hermano mayor que necesita energía!— Sirvió a Alexei primero, que aceptó la arepa con una sonrisa. —¡Yaya, yaya! La abuela se sentó al lado, mirando al bebé. —¡Qué lindo está Nikolai! Come como colombiano. ¡Va a salir fuerte como su mamá! Viktor tomó una fruta y se la ofreció a Sofía. —Come tú también. No solo das, Sofía. Ella mordió de su mano, mirándolo con esa chispa que no se apaga ni con cansancio. —Tú me mimas demasiado, amor. Pero me gusta. La mañana transcurrió en calma; Nikolai durmiendo en la cuna, Alexei probando acercamientos, tocar la manita del bebé, poner su camioncito al lado “para que juegue”. Cuando Nikolai lloró por hambre otra vez, Alexei se puso serio. —No lloro. Sofía lo sentó al lado. —Ven, ayúdame. Sostén su cabecita poquito mientras come. Alexei lo hizo con cuidado increíble para su edad, ojos grandes e inocentes viendo cada detalle de su hermanito que no se vaya a lastimar. —Bebé... Viktor aparece de la nada y sacó una foto discreta del momento. —Esto va al álbum familiar. El hermano mayor protector. Doña María preparó el almuerzo del medio día, arroz con pollo, ensalada, jugo de guanábana. —¡A comer todos! ¡Que la familia crece y necesita fuerza! Alexei comió sentado al lado de la cuna, vigilando al bebé, no tenía ni que decir algo, todos se dieron cuenta de que, Alexei estaba cuidando a su hermanito menor. Sofía miró a Viktor, emocionada. —Mira cómo se ajusta poquito a poco, creo que va progresando bien— murmura en voz baja. Él le apretó la mano. —Porque tiene los mejores ejemplos. Tú fuerte, yo aquí, abuela mandona pero amorosa. Pasando las horas el atardecer llegó, y decidieron hacer un paseo por el parque cercano, Nikolai en cochecito, Alexei caminando al lado orgulloso. —¡Yo, yo, yo!— dijo, poniendo las manos en el manillar del coche de Nikolai. Viktor lo dejó, pero cerca vigilando por si acaso. —Buen hermano mayor.— murmura con orgullo. Sofía caminaba despacio, brazo enlazado con Viktor. —Se siente… completo, ¿no? Dos niños, mamá aquí, nosotros… Él la besó en la sien. —Completo y loco. Pero nuestro, completamente nuestro, un Imperio creciendo, nuestro lugar perfecto. Llegando la noche, los Volkov vuelven a casa, Nikolai durmiendo ya en su cuna, y Alexei roncando ya en su cama con un cuento de doña María. Sofía y Viktor en el sofá de la sala, ella con cabeza en su regazo. —Cansada pero feliz, amor. Él le acarició el pelo con ternura y delicadeza, sus dedos enredándose en sus mechones. —Y yo orgulloso de ti. Dos hijos, imperio, familia… eres increíble, Sofía. Ella levantó la vista, sus ojos viendo los suyos grises, compartiendo un entendimiento que sólo ellos dos saben. —Contigo todo es posible. Sofía no se resistió, se inclinó hacia adelante buscando sus labios en un beso lento y profundo lleno de amor, Viktor murmura con aprecio mientras la agarra por la cintura y le aprieta los rollitos de mamá. Ella gime con aprecio y se deja llevar por el momento, habían pasado semanas desde la última vez, meses incluso, y habían olvidado este exquisito momento entre ellos. No hubo palabras, sólo acción, se desvistió a horcajadas encima de él, las manos de Viktor recorren mapeando su cuerpo cambiado y para él, el más hermoso. y mientras pasan los minutos, ambos se entretienen el uno al otro, Sofía montándolo como un jinete y Viktor se deja. —Voy a preñarte de nuevo— gruñó Viktor dándole vuelta a la arepa, dejando a Sofía debajo de él y moviéndose como pistón en desenfreno, Sofía se tuvo que morder la lengua y tapar la boca con la mano para no gemir deliciosamente y despertar a todos. —Joder, mi amor, me excita que me digas eso— y sin más no poder, él la llevó a la cúspide primero, con una sonrisa alocada y los ojos en blanco, Sofía se deshace a su alrededor, Viktor gruñe con aprecio y se sigue moviendo hasta que llega a su propia liberación, sus caderas se sacuden violentamente hasta derramarse por los bordes y aplasta a Sofía contra el sofá. —Te amo mi reina— murmura Viktor con la vos pos-coital. —Y yo a ti mi vida, por y para siempre. Ambos limpian y se regresan a su habitación a descansar también, mañana sería otro nuevo día.






