Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl otoño en Moscú se había instalado con días cortos y un aire fresco que entraba por las ventanas abiertas del ático, trayendo olor a hojas secas y a la ciudad despertando. Sofía llevaba dos semanas sintiendo que Nikolai estaba listo para salir; el vientre bajo, las contracciones falsas que la despertaban por las noches, los pies hinchados y calientes que Viktor masajeaba cada tarde con una paciencia que la enternecía.
Esa mañana empezó como cualquier otra. Sofía se levantó temprano, con esa pesadez típica de los últimos días, y encontró a doña María ya en la cocina preparando desayuno con ánimos, arepas con queso, huevos revueltos y jugo de lulo que había mandado traer especialmente. —Buenos días, mi niña. Come bien, que hoy te veo con cara de parto—, dijo la abuela con esa intuición que solo las madres tienen, sirviéndole un plato generoso. Sofía se rió, sentándose con cuidado, sentía sus párpados pesados y los ojos cansados y un poco hinchados. —Mamá, no me asustes. Aún faltan unos días según el doctor. Pero sí… Nikolai se anda moviendo mucho, pateando inquieto... siento que ya no puedo más. Alexei entró corriendo desde su habitación, con una pijama de dinosaurios puesta, y se subió a la silla al lado de su mamá. —¡Aepa!— pidió, señalando las arepas. Doña María lo sirvió rápido, dándole un enorme beso en la frente a su nieto. —¡Para mi príncipe! Come, que pronto tienes que ayudar con el hermanito. Viktor apareció poco después, recién duchado, con camisa blanca arremangada, barba y recortada. Se acerca y le deposita un beso a Sofía en la frente, y luego como de costumbre, un besote en su vientre apunto de reventar. —¿Cómo amanecieron mis tres favoritos? Sofía le sonrió, pero una mueca le cruzó la cara cuando sintió una contracción más fuerte de lo normal. —Bien… creo. Pero esta mañana Nikolai está más activo. Viktor frunció el ceño con algo de preocupación, siempre sobreprotector. —¿Contracciones? ¿Llamo al doctor? Ella negó, respirando profundamente. —Tranquilo, amor. Son las de siempre. Come primero. Desayunaron entre charlas; doña María contando anécdotas de partos en su tierra natal, Alexei manchando todo de queso, Viktor pendiente de cada gesto de Sofía. Pero a medida que pasaba la mañana, mientras Sofía ayudaba a Alexei a armar un rompecabezas en el salón, sintió un dolor diferente; agudo, profundo, que la hizo doblarse. —Ay… mph... Viktor…— logro murmurar pero elevando un poco la voz. Él corrió rápidamente desde el despacho. —¿Qué pasa, Sofía? —Me está… me está doliendo muy fuerte. Creo que… rompí fuente ahora. Doña María salió de la cocina alarmada y con las manos mojadas pero secándose rápidamente. —Ay mija ¡Ya viene! ¡El bolso del hospital, yerno! ¡Yo cuido a Alexei! Rápidamente se crea un caos organizado; Viktor cargando a Sofía al ascensor, ella respirando controlado, acento colombiano saliendo fuerte por los nervios. —No te preocupes, amor. Respira conmigo. En el vehículo al hospital privado, Sofía sentía las contracciones cada cinco minutos y apretaba la mano de Viktor con fuerza. —Duele más que con Alexei… pero lo manejamos. Viktor manejaba concentrado. —Tú puedes con todo, Sofía. Eres la más fuerte. Llegaron rápido, entraron de inmediato al hospital y los doctores la recibieron, la llevaron a sala de parto. Uno de los doctores va dando el informe del proceso; dilatación avanzada, todo progresando bien, pero con tensión; Nikolai venía rápido, con el corazón latiendo fuerte, Sofía empujando con fuerza. Viktor a su lado, limpiándole la frente, animándola. —Estás increíble… ya casi… lo veo coronar… Doña María esperando afuera con Alexei, orando en un susurro para que todo salga bien. Al fin, después de horas intensas, llenas de gritos y dolores, se escucha un llanto fuerte que llenó la sala. Nikolai Antonio Volkov nació; sano, gritando, con los ojos grises como los de papá, pelo oscuro como mamá. Viktor cortó el cordón con manos temblorosas, con lágrimas cayendo como si no hubiera un mañana. —Es perfecto… nuestro Nikolai. Sofía lo mira con una mirada exhausta y estira los brazos para cargarlo, dándole un beso pequeñito en la frente, con su voz suave y algo temblorosa. —Bienvenido, mi amor. Mira qué fuerte salió. Los doctores aplaudieron tanto por sus esfuerzos como los de ella y un nuevo milagro, felicitando que todo había salido bien. Doña María entró con Alexei en brazos, llorando de alegría. —¡Mi nieto! ¡Nikolai Antonio! ¡Qué lindo, hija! ¡Y qué grito de vida lanzó! Alexei miró con curiosidad al bebé en brazos de mamá. —¿...? Sofía sonríe con cansancio, y atrae a Alexei a sus brazos atrayéndolo consigo. —Sí, mi amor. Es tu hermanito. Anda, dale un besito al bebé. Alexei tímido sin saber cómo procesar todo, veía al pequeño bebé que tenía parecido tanto a sus papás como en él mismo, un pedacito de él, él lo mira serio pero curioso, y le toca la mejilla y luego la frente, y luego, le da un besito pequeñito por el pelo. Viktor abrazó a los cuatro; Sofía, Nikolai nuevo, Alexei y doña María. —Una familia completa… gracias por esto, Sofía. Ella sonrió cansada, con alegría y ganas de llorar, se sentía completa, con mamá, Viktor, y sus dos hijos llenos de vida, este momento también iba a ser uno de los más preciados de su existencia. —Gracias a ti por estar siempre, mi amor. Mamá también, y Alexei que será el protector de Nikolai, todo es maravilloso, estar aquí con ustedes es maravilloso, todo esto. Pasando los días, los doctores ya le habían dado el alta a Sofía, Así que le dieron el informe necesario, y con las mismas, se fueron en el vehículo de vuelta a casa. Al llegar, todos se fueron acomodando, Nikolai durmiendo en la cuna, Alexei ajustándose poquito a poco entre seriedad, curiosidad y algo más que no logra identificar ni él mismo, doña María cocinando alegremente para todos, y Viktor siendo papá de dos y sintiéndose orgulloso. El caos se creció, Pero el amor también y el equipo más poderoso de Moscú con un nuevo integrante, un nuevo y segundo zar.






