Mundo ficciónIniciar sesiónLa mansión, a pesar del calor de la cocina, de las risas suaves de Misha y Alexei, y del aroma dulce que comenzaba a expandirse por cada rincón, no estaba completamente en paz. Había una especie de eco invisible, algo que no se veía, pero que se sentía. Como una sombra que no se iba del todo, aunque la luz estuviera encendida.
Y ese “algo”… tenía nombre. Dimitri. La puerta principal se abrió sin previo aviso, con ese sonido seco y firme que hizo que Viktor levantara la mirada desde donde estaba apoyado contra una pared, medio relajado, medio alerta. No se sobresaltó, pero tampoco ignoró el detalle. Sabía quién era antes de verlo. —Pensé que te quedarías allá— dijo Viktor, cruzándose de brazos mientras Dimitri entraba, quitándose los guantes con calma. Dimitri no respondió de inmediato, cerró la puerta, miró alrededor, y evaluó como siempre. —Ana se quedó con ellos— dijo finalmente —no iba a dejar sola a Elena después de todo eso… y Carl no se va a mover de su lado ni con una orden directa. Viktor asintió levemente, eso era predecible. —¿Y tú sí te mueves?— preguntó con una ligera ironía. Dimitri alzó una ceja, dejando los guantes sobre una mesa cercana. —Yo me muevo cuando hace falta— respondió sin rodeos. Y ese tono… ese tono no era casual, Viktor lo notó al instante. —¿Qué pasó? Dimitri lo miró directo. —Krasnova no terminó. Se hizo un silencio cepulcral en la sala, la sonrisa de Sofía había desaparecido, Doña María ya no estaba cantando, los niños simplemente se quedaron callados comiendo su merienda en silencio, no era muy incómodo, pero sí lo suficientemente pesado. Entonces, Sofía, que estaba sentada en el sofá con Misha apoyado a su lado, levantó la mirada al escuchar eso. No dijo nada, pero su mano se posó automáticamente sobre su vientre, como si su cuerpo reaccionara antes que su mente. Doña María, desde la cocina, asomó la cabeza apenas. —¿Otra vez esa vieja?— murmuró, con una mueca. Dimitri caminó un poco más hacia el centro de la sala, metiendo la mano dentro de su abrigo. —No es “otra vez”— dijo —es “todavía”. Y entonces sacó el frasco pequeño, el transparente. Con ese líquido casi invisible en su interior, apenas perceptible si no se miraba con atención. Lo sostuvo entre los dedos, levantándolo un poco para que Viktor lo viera bien. —Esto— añadió. Viktor frunció el ceño, acercándose un paso. —¿Eso es…? —Lo que encontramos en el árbol— completó Dimitri —lo que dejó a tus hombres como muñecos apagados en la nieve. El ambiente cambió así de rápido después de haber dicho eso, la calidez de la casa… seguía ahí, pero ahora tenía grietas. Viktor extendió la mano, tomando el frasco con cuidado, observándolo como si pudiera entenderlo solo con la mirada. —No huele— dijo. —No a simple vista— respondió Dimitri —pero ahí está. Sofía se levantó lentamente del sofá, dejando a Misha sentado, y se acercó un poco más, con cautela. —¿Eso fue lo que…?— empezó. —Probablemente— respondió Dimitri —una toxina… o algún tipo de somnífero modificado. Viktor apretó la mandíbula. —¿Modificado cómo? Dimitri soltó un suspiro leve. —Lo suficiente para que no sea común— dijo —lo suficiente para que no lo detectes a tiempo… lo suficiente para que caigas sin darte cuenta. Doña María salió de la cocina ahora sí, limpiándose las manos en el delantal. —Ay, no… eso ya suena a brujería— murmuró. —No es brujería— respondió Dimitri sin mirarla —es alguien que sabe exactamente lo que está haciendo, y eso… era peor. Viktor giró el frasco entre sus dedos, pensativo. —¿Puedes analizarlo?— preguntó. —Eso vine a hacer— respondió Dimitri —no iba a dejar eso guardado mientras jugamos a la familia feliz. La frase fue directa y sin suavizar, pero necesaria para despertar de nuevo a la realidad. Sofía bajó la mirada un segundo, no por debilidad, sino porque entendía, entendía demasiado bien. —Esa mujer…— murmuró ella —no vino solo a asustar. Dimitri la miró. —No. —Vino a medirnos— añadió Sofía, levantando la mirada otra vez —a ver hasta dónde podía llegar. Viktor la observó en silencio había algo distinto en ella, más firme, más consciente y eso le dolía… y le enorgullecía al mismo tiempo. —Y ahora sabe— dijo él finalmente. —Ahora sabe todo— confirmó Dimitri. Misha, desde el sofá, miraba la escena sin entender del todo, pero sintiendo el cambio. —¿Va a volver?— preguntó, con esa inocencia que corta más que cualquier verdad. De nuevo se sintió ese silencio, pero esta vez… más difícil. Sofía fue la que respondió, se acercó a él, agachándose un poco, acariciándole el cabello. —Puede ser— dijo con suavidad —pero no estamos solos. Misha la miró. —¿La vamos a vencer? Sofía sonrió apenas. —Claro que sí. ¡Claro que sí!— confirmó con entusiasmo, Alexei quien estaba a su lado, con su pequeña inocencia de cinco años. Viktor desvió la mirada un segundo, porque esa respuesta… no era tan simple. Dimitri volvió a intervenir, rompiendo el momento justo cuando debía. —Voy a bajar al laboratorio— dijo —necesito ver qué es exactamente esto… cómo funciona… y cómo contrarrestarlo. Viktor asintió. —No tardes. —No pienso hacerlo— respondió Dimitri. Se giró, ya encaminándose, pero antes de desaparecer por el pasillo, se detuvo un segundo. —Y Viktor… Él levantó la mirada. —Esto no es un ataque directo. Viktor entrecerró los ojos. —¿Entonces? Dimitri sostuvo su mirada. —Es un aviso. Y sin decir más… se fue. El sonido de sus pasos alejándose quedó flotando en el ambiente, mientras el peso de esas palabras se asentaba lentamente en todos los presentes. Sofía volvió a sentarse, esta vez más cerca de Misha y Alexei, rodeándolos con sus brazos. Doña María, por primera vez en mucho rato, no dijo nada. Y Viktor… se quedó de pie. Mirando hacia el pasillo por donde Dimitri había desaparecido, con la mente trabajando, con el pecho tenso, porque ahora lo tenía claro, esto no había terminado ni de lejos, Krasnova no estaba en la casa, no estaba en la puerta, no estaba en la sombra, pero estaba en cada decisión, en cada movimiento, en cada respiro, y lo peor de todo… era que ahora ya no jugaba a esconderse. Ahora... estaba jugando a esperar. Y mientras tanto, en algún lugar de Moscú, aquella señora llegaba a su propio hogar, llegó a su mansión oculta, encontrando... un gran desastre; mugre, cartuchos, cuerpos, sangre. La mirada de Krasnova era algo severa pero con serenidad, caminando más adentro, ve el pasillo, ve todo, destrozado, sucios, se ve que hubo mucho ruido, algo con lo que ella no trabaja, pero que tampoco le cuestiona a Yuri. Al llegar a su oficina, ahí lo ve sentado en su silla, la puerta rechinó leve cuando ella la aparta y se encuentra con su guardia. Yuri, por otro lado, abre los ojos e inmediatamente se levanta del asiento favorito de su jefa. —M-mi Señora...— Yuri se acomoda el cuello de su traje, alisando las arrugas, su altura imponente incluso se sentía insignificante frente a la pulcra mujer mayor frente a sus ojos. —Yuri... ¿Estuviste jugando todo el tiempo a los malos?— pregunta con su voz serena, mirando alrededor el desastre. —Creo que te faltó limpiar ahí.— Dice con sarcasmo, dándose cuenta que no ha levantando un dedo por limpiar la matazón que hay bajo sus pies. —Eh... no todavía, l-la estuve esperando a usted... La mirada de Krasnova se vuelve severa y violenta, pero aún manteniendo la serenidad, lo disimula de inmediato con una leve sonrisa. —Mi Yuri, ya estás muy mayor para que venga a limpiar tus desastres. El hombre grande sintió un escalofrío, no dudó, asintió rápidamente empezando a recoger los cuerpos perdidos y dedicarse a asear. La mujer, tan fina y pulcra, se acerca a su asiento, Yuri se lo calentó bien, y es lo único que quedó limpio bajo este techo. Yuri, quien la estuvo mirando de reojo, se acomoda la garganta. —Entonces, jefa... ¿Logró su cometido? ¿Pudo...? —No.— Interrumpió en seco. —No iba a hacerlo enseguida, iba... despacio, evaluando terreno, viendo cuantas personas... Saca un frasco transparente de su bolsillo. —Este... "elixir" fue demasiado efectivo, quizá... si fuera más potente, no solo se quedarían dormidos, ¿cierto? Levanta la mirada para ver la de Yuri, este, de una vez asiente con entusiasmo. —De hecho, mi señora, fue algo que conseguí en el mercado negro, no fue fácil, pero tampoco me dijeron qué tipo de toxinas o somníferos tiene eso, solo dijeron que había que tener precaución, con un solo respiro, te manda al quinto sueño en segundos. La señora sonríe ampliamente con sus ojos brillantes. —Sí, yo misma lo usé, lo probé, fue... interesante de ver...— su mirada viaja al pasado, narrando... —Veía uno a uno caer al suelo en la nieve, fue... placentero, tan satisfactorio. Este invento de líquido no es un invento cualquiera, alguien lo inventó para matar gente... y eso, ahora yo lo sé.






