Capítulo 228: Lo que aún permanece.
La mansión, a pesar del calor de la cocina, de las risas suaves de Misha y Alexei, y del aroma dulce que comenzaba a expandirse por cada rincón, no estaba completamente en paz. Había una especie de eco invisible, algo que no se veía, pero que se sentía. Como una sombra que no se iba del todo, aunque la luz estuviera encendida.
Y ese “algo”… tenía nombre.
Dimitri.
La puerta principal se abrió sin previo aviso, con ese sonido seco y firme que hizo que Viktor levantara la mirada desde donde