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Capítulo 203: Una promesa asegurada.

Irina y Olga avanzaron hacia la zona de juegos con los niños, manteniéndose a un paso firme pero relajado, como si aquello fuera simplemente una salida más… aunque ambas sabían que no podían bajar la guardia ni un segundo.

El parque estaba lleno de colores, estructuras suaves y risas infantiles que se mezclaban unas con otras en un murmullo constante. Había otros niños corriendo, subiendo, cayendo, levantándose de nuevo… completamente ajenos al mundo exterior.

—Bien, aquí nos quedamos— dijo Olga con suavidad, observando el entorno antes de dejar que los niños se soltaran.

Misha no esperó ni medio segundo.

—¡Vamos!— gritó, saliendo disparado hacia los juegos.

—¡Espera!— intentó decir Irina, pero ya era tarde.

Alexei lo siguió enseguida, riendo, mientras que Nikolai avanzaba más despacio, con pasos pequeños pero decididos.

Irina soltó un suspiro.

—Ese niño tiene demasiada energía…

—Y tú demasiada preocupación— respondió Olga, aunque sin dejar de observar todo a su alrededor.

La pequeña Sofía permanecía en brazos de Irina, tranquila, con los ojos curiosos observando todo lo que la rodeaba. Sus manitas se movían suavemente, como si quisiera alcanzar el aire mismo.

—Al menos ella sí es calmada…— murmuró Irina con una leve sonrisa.

—Por ahora— añadió Olga.

Ambas compartieron una breve mirada cómplice y se echaron a reír suavemente.

Los niños no tardaron en integrarse al juego. Subían, bajaban, reían, gritaban… y por un momento, todo parecía completamente normal. Pero no lo era. Olga dio un paso sutil hacia un lado, lo suficiente para tener un mejor ángulo de visión.

Uno de los guardias pasó cerca, fingiendo hablar por teléfono. Otro estaba sentado más allá, revisando algo en su móvil.

Todo en orden.

—Dos al frente, uno a la izquierda— murmuró Olga apenas moviendo los labios.

Irina asintió levemente.

—Y uno más en la entrada.

Había silencio, control y precisión, todo lo que se necesitaba para mantener todo en orden.

Mientras tanto, Irina se agachó un poco para acomodar mejor a la pequeña Sofía, que empezaba a inquietarse.

—Tranquila, princesa…— susurró suavemente.

La niña la miró. Y luego sonrió. Ese gesto fue suficiente para relajarla un poco.

—Definitivamente… esto vale la pena— murmuró Irina.

Olga no respondió, pero su expresión se suavizó apenas.

Porque sí… por momentos como ese… todo el riesgo parecía tener sentido.

En el spa… El ambiente era completamente distinto, silencio y momentos de suave serenidad, aromas suaves, luces cálidas, gente disfrutando, era un contraste total con el bullicio exterior.

Elena dejó escapar un suspiro apenas se sentó.

—Esto… es gloria.

Doña María soltó una pequeña risa.

—¿Verdad? Les dije que salir iba a hacernos bien.

—Debí hacer esto antes— respondió Elena, recostándose ligeramente.

Una de las trabajadoras comenzó a preparar los materiales con cuidado, mientras ambas mujeres se acomodaban.

—¿Y tú cómo estás?— preguntó Doña María, mirándola de reojo.

Elena dudó apenas un segundo.

—Bien…— Pero luego soltó un suspiro más honesto. —…mejor ahora.

Doña María asintió lentamente. —Es normal.

Elena la miró.

—¿El qué?— preguntó ella con voz serena ya relajada.

—Extrañarlos.

Elena se queda en silencio un momento, viendo con la mirada perdida y pensando antes de responder y volver a mirar hacia Doña María.

—Sí…— murmuró Elena. —Bastante.

Sus dedos se entrelazaron ligeramente sobre su regazo.

—Uno cree que puede con todo… hasta que no los tiene cerca.

Doña María sonrió con cierta nostalgia.

—Eso no cambia nunca, mija.

Elena dejó escapar una pequeña risa. —Qué bonito… y qué cruel al mismo tiempo.

—Así es el amor.— Dijo con cariño Doña María.

Ambas guardaron silencio por un momento, dejándose envolver por la calma del lugar.

—Pero míranos— añadió Doña María. —Aquí estamos… cuidándonos, esperando… haciendo lo que nos toca.

Elena asintió levemente.

—Y poniéndonos bonitas— agregó con una sonrisa. —Eso también es importante.

De vuelta en el centro comercial… Sofía se detuvo frente a una tienda, sus ojos recorrieron el letrero, seguido de la vitrina y después levantó la vista para mirar a Ana.

—…¿Entramos?

Ana siguió su mirada y con una sonrisa, entendió de inmediato y levantó una ceja.

—Oh…

Sofía intentó mantener la compostura.

—¿Qué?

—Nada… —respondió Ana, con una ligera sonrisa casi picarona. —Solo no esperaba que fueras tan directa.

—No estoy siendo directa...— replicó Sofía, aunque sus mejillas se sonrojaron apenas. —Solo… es un regalo.

Ana cruzó los brazos, divertida.

—Claro… un “regalo”.

Sofía rodó los ojos, ya la atraparon.

—¿Vas a entrar o no?— Le propuso a Ana.

—Por supuesto que sí.— Respondió ella de Inmediato, pues no pensaba quedarse atrás y mucho menos perder de vista a Sofía, es lo que tenía que estar más que pendiente.

El interior de la tienda era elegante, con luces suaves y estantes organizados con delicadeza. Encajes, telas finas, colores sutiles… todo cuidadosamente dispuesto.

Sofía caminó despacio, observando, sus dedos rozaron una de las prendas y su expresión cambió, un poco más seria y más pensativa.

—Le gustaría algo así… —murmuró.

Ana se acercó un poco más.

—¿Estás segura de que esto es para él… o para ti?

Sofía soltó una pequeña risa con las mejillas coloreadas.

—Para los dos.

Ana no pudo evitar sonreír, su risa es contagiosa y sacude la cabeza levemente pero con diversión.

—Esa es la actitud.

Sofía tomó otra prenda, evaluándola.

—¿Y tú?— preguntó de repente —¿Qué le vas a regalar a Dimitri?

Ana se quedó en silencio un segundo.

—Umm... no lo había pensado…

—Mentira.— Respondió Sofía con una mirada con ligera picardía.

Ana la miró y vio que Sofía le estaba sonriendo.

—Te conozco mosco.

Ana soltó una leve risa. —Tal vez… tenía una idea.

—¿Ah sí?— da un paso más cerca a Ana como si estuviera leyendo cada reacción suya.

—Algo más… sencillo.— Logró responder Ana, aunque ya vio a Sofía con esa cara de yo no fui, pero que sí fue.

Sofía ladeó la cabeza. —¿Sencillo?

—Sí… pero significativo.

Sofía la observó con curiosidad. —Ahora quiero saber.

Ana negó suavemente. —No… eso se queda en secreto.

—Oh, no es justo— casi que iba a hacer un puchero frente a ella, pero se contuvo.

A Ana le pareció gracioso al ver la decepción de Sofía.

—La vida no es justa, querida amiga.

Y ambas rieron suavemente, por un momento... todo volvió a sentirse ligero. Normal.

Mientras Ana se puso a hablar con la recepcionista de si vendían sostenes para madres recién salidas de embarazo, por otro lado, Sofía se queda viendo el lado de la ropa interior, y más allá si le gusta aventurarse, donde quedaba la lencería más reveladora.

Al llegar ahí, comienza a ver cada forma, tela, color, habían varios que le había gustado, sobre todo el vino tinto, aunque viéndolo más de cerca, dejaba poca a la imaginación, y en su piel trigueña le quedaría espectacular, el negro también le gustó como se veía, y se imaginaba a Viktor viéndola así vestida.

Sofía se muerde el labio inferior ligeramente al pensarlo, está segura de que este sería el mejor regalo, e internamente lo había prometido, que le haría un gran regalo para cuando regrese de la situación con RUBCOL en Moscú.

Ana la mira de reojo y sonríe al ver que seguramente ya sabe qué es lo que le va a regalar a Viktor, pero continúa hablando con la recepcionista.

Después de varios minutos de indecisión, Sofía agarra una de las lencerías de color vino tinto y con un par de cosas más que a Viktor le podría interesar, al llegar donde la recepcionista, Ana ya había hecho su compra, Sofía la mira con la bolsita y sonríe apenas.

—Quien te ve... y eso que me dijiste que era secreto, ahora me dio más curiosidad por saber qué compraste.

Con diversión, Sofía se pone en punta pie inclinándose un poco hacia adelante para ver qué era lo que ella había comprado y qué había dentro de la bolsa, pero Ana es más rápida y dobla la Bolsa guardándola dentro de su bolso.

—Tsk, tsk— chasquea con la lengua negando con un dedo.

—Es personal.— luego baja la mirada con una sonrisa al ver lo que Sofía había escogido.

—Vaya, vaya... Sofía, todavía no sales de este embarazo y ya te veo con otros ojos, ¿Eh?

Sofía se pone roja como un tomate y se ríe nerviosa dándole un codazo juguetón.

—Ay ya basta, Ana, de todos modos, Viktor se lo merece, sobre todo porque el trabajo de la escuela le debe estar pesando.

La sonrisa de Ana casi flaquea, podía ver la incredulidad de Sofía, ella, creyendo que los hombres están en Moscú por el trabajo de RUBCOL, pero si ella se enterase de que es por otra cosa, pero no. No, ahora no era momento de pensar en secretos y cosas ocultas, no, ahora será momento de disfrutar y por eso la sonrisa la mantiene tal como está.

—Uy, bueno, parece que Viktor tiene buen gusto y ojos, pero no creo que esa lencería le quede bien.

Sofía se ríe a carcajadas del comentario de Ana, pues de todos modos sabe que eso no era para que Viktor se lo pusiera, pero la idea de que él se vea con eso puesto, causa la risa hasta de la propia recepcionista sin querer.

Mientras tanto, Doña María y Elena ya estaban satisfechas con su momento de spa, sentían la piel de sus manos suaves, delicadas, y con un olor delicioso.

—Ay, si pudiera hacerme esto cada fin de semana fuera feliz por el resto de mi vida.

Mencionó Doña María viendo sus uñas brillantes y lisas, sus manos suaves y cálidas, no podía evitar sentirse tan alegre y feliz, el mejor detalle que pudo haber recibido el día de hoy.

Elena, con una sonrisa, comparte la misma sensación, y de hecho, estando con Carl, en la mansión en Moscú, ella se hacía las uñas, pero de esas largas que eran incómodas, y la verdad es que ni siquiera se las hacía por querer, sino por tendencia, y como hacía ya mucho tiempo que había pasado de moda, se las quitó cuando dio a luz a Misha, no quería lastimarlo desde su primer día de nacimiento, y ahora, viendo en estos momentos que las uñas cortas y brillantes que tiene son bonitas, desearía también hacerse manicura cada fin de semana.

Los niños seguían jugando en los juegos mientras que Irina y Olga seguían cuidando desde cerca, cualquier movimiento, inclusive uno de los guardias se acercó como si fuera pareja de una de las dos sirvientas, algo que no estaba planeado ni practicado, pareció tan real, a pesar de la sorpresa de Olga, que de una comprendió y le siguió el ritmo al guardia, así que se vio completamente natural, Irina en su cabeza, ya estaba shippeando aquella pareja, imaginando un futuro entre ellos, pero solo era imaginación.

—Ajá, te gusta el guardia.— Mencionó Irina después de que el guardia se alejó.

Olga se sonroja de inmediato, pero sacude la mano restándole importancia.

—Qué va, solo es actuación, nada más eso.

Sin embargo, el guardia desde lejos le sonrió incluso creyó haberlo visto que le guiñó un ojo, y esto puso a Olga roja como un tomate y más nerviosa que de costumbre. Nunca se lo había pensado, pero ella se convencía así misma que era parte del plan nada más, solo es actuación.

La pequeña Sofía la saca de su distracción y sonríe un poco al verla.

—Bueno, quizá... no sea tan malo tener un bebé después de todo...— murmura para sí misma, palabras que no llegaron a oídos de Irina, pero cuando levanta la mirada para ver el desorden de Alexei y Misha, corriendo y disfrutando, ya con el sudor mojando su cabello, hizo una ligera mueca, dando a entender de que se retracta de sus palabras... por ahora.

Fuera del lado divertido, Ana camina al lado de Sofía después de haber salido de hacer compras, y de alguna manera, a Sofía se le antojó un delicioso helado, y así que no dudaron y fueron a comprar sin importar el frío que hacía afuera en la nieve, pero eso era lo de menos, helado era helado, postre es postre, y además es el favorito de la mayoría del mundo.

Así que decidieron comprar los helados y llegaron a la zona de juegos, los guardias se dieron cuenta, cada uno, claramente no se movieron, no se quitaron de su papel, más bien se mantuviero más alerta ahora, estar completamente pendientes ya que Sofía se había acercado, de todos modos, el guardia que las venía protegiendo desde lejos, ya se había acercado también, disimulando que iba a comprar tickets para jugar.

Después, a los minutos, Elena y Doña María llegan a la zona de los niños y ahí todos se acomodaron un rato, jugando, comiendo, divirtiéndose, sin que nadie sospeche nada, sin que nadie estuviera en peligro por ahora.

Todos estaban pasando por un momento agradable, bueno... ellos.

Porque al otro lado, en Moscú, los tres hombres, Viktor, Dimitri y Carl, se sentían estancados, a la deriva, apenas habían avanzado, y todavía no habían cumplido con el tema de llegar a la mansión de Krasnova en el bosque, aún estaban planificando, aún estaban viendo coordenadas, y aún... seguían dudando y dudando, más café, más cigarrillos, menos horas de sueño, y todo eso le estaba pasando factura tanto física como emocionales.

Carl estaba sentado en una silla, se había quitado la chaqueta de traje y la había acomodado sobre el espaldar de la silla hacía frío, pero él se sentía sudado aunque solamente en pensamientos, pero se sentía demasiado rela y demasiado estresante.

Por otro lado, estaba Dimitri, escribía en papeles ideas, croquis de los alrededores, pero sentía que cada vez se equivocaba más, y de que por ahora estaba seguro de que no iban a volver a Nueva York para buscar a nadie, y sintió que está misión es la más larga y difícil que ha sentido en su vida.

Y Viktor, después de que había hecho esa llamada con Sofía, siente que la extraña aún más, y tiene miedo... miedo de que algo pueda pasarle, de que Krasnova le haga daño, y a la bebé también, y sabe que no lo puede permitir, pero tampoco puede dejar que la agonía lo consuma, porque así es mucho más complicado pensar en estrategias para solucionar este pequeño gran problema.

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