Capítulo 188: Una partida a escondidas.
La cabaña en Catskills había empezado a sentirse como un refugio real: el crepitar constante de la chimenea, el olor a leña y café que impregnaba cada rincón, las risas de los niños que rebotaban desde el jardín nevado, la voz de Doña María canturreando mientras preparaba algo dulce en la cocina.
Pero para Viktor, Dimitri y Carl, ese calor era solo una máscara. Cada mirada que intercambiaban era un recordatorio: el tiempo se acababa.
Krasnova Volkov no iba a esperar eternamente.
Y ello