Capítulo 163: Culpa silenciosa.
Al día siguiente, la mansión Kuzmin amaneció con esa quietud que sigue a las tormentas. Elena estaba en la cama, apoyada en almohadas extras, con una mano sobre la barriga y la otra sosteniendo una taza de té de jengibre que apenas había probado. El dolor punzante de la noche anterior había cedido a un malestar sordo, constante pero no insoportable. El médico de guardia le había repetido lo mismo por teléfono: reposo, vigilancia, calma, nada grave, pero nada insignificante.
La puerta se abrió