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Capítulo 147: El primer paso en el polígono.

En la mañana, Carl le hizo caso a Elena, pues terminó llamando a Viktor desde temprano, para poder confirmar por segunda vez que sí iba a ir, se quedó mirando el teléfono un rato largo después de colgar, aún con la cabeza revuelta de pensamientos confusos e indecisivos.

La pantalla se apagó, pero el eco de la voz de Viktor seguía en su cabeza, “Ven mañana a la mansión. A las diez. Trae ropa cómoda.”

Se sentía ridículo una vez más, humillado como ser masculino. Como si estuviera pidiendo limosna a un hombre que siempre había considerado inferior, peligroso, intocable.

Y sin embargo… no podía dejar de pensar en Misha durmiendo arriba, en Elena mirando por la ventana como si esperara que su hijo volviera a desaparecer, en cómo había sentido esa impotencia absoluta cuando la van se alejó con su niño dentro, y esto, siempre lo recordará, lo llevará en su memoria.

Así que no perdió más tiempo, se puso ropa deportiva negra, pantalones cargo, camiseta ajustada, zapatillas, y bajó sin despertar a nadie.

Elena dormía aún, con el pañuelo arrugado en la mano y con las secuelas de la pasión de la noche anterior. Misha roncaba suave en su habitación, abrazado al dibujo del dragón doble.

Carl salió sin desayunar. Condujo solo hasta la mansión Ivanov. El portón se abrió automáticamente cuando llegó. Viktor ya lo esperaba en la entrada, con chaqueta negra y botas militares, los brazos cruzados. A su lado estaba Dimitri, más alto, más ancho, con esa calma fría que Carl recordaba de la noche del rescate. El hermano de armas de Viktor. El que había disparado sin dudar.

Carl bajó del auto. Los tres hombres se miraron en silencio un segundo, y Viktor habló primero, con voz neutra.

—Pensé que no vendrías.

Carl tragó saliva, la mandíbula tensa.

—Yo también. Pero… conseguí voluntad. No quiero volver a sentirme como un inútil cuando mi familia esté en peligro.

Dimitri alzó una ceja, pero no dijo nada, solo miró a Viktor y él asintió despacio.

—Entonces entremos. No hay tiempo para dudas.

Caminaron hacia un edificio anexo al lado del garaje, un polígono de tiro improvisado pero profesional. Paredes de concreto reforzado, cabinas de tiro, blancos móviles, un armero abierto con pistolas, rifles y munición ordenada.

El aire olía a aceite y a pólvora vieja. Viktor se detuvo frente al armero.

—Primero lo básico. No te voy a dar un rifle de asalto el primer día. Empiezas con una pistola. Algo que puedas controlar. Algo que te haga entender que el arma no es el poder… es la responsabilidad.

Carl miró las armas. Nunca había tocado una de verdad, solo las había visto en películas, o incluso en pesadillas.

Viktor tomó una Glock 19, la descargó con movimientos precisos y se la entregó por la culata.

—Tómalo. Siente el peso.

Carl la agarró, y para su sorpresa, era más pesada de lo que esperaba, fría y muy real.

Dimitri se acercó, voz calmada pero firme.

—Primera regla: nunca apuntes a nada que no quieras destruir. Segunda: el dedo fuera del gatillo hasta que estés listo para disparar. Tercera: siempre trata el arma como si estuviera cargada. Aunque no lo esté.

Carl asintió, los dedos apretados alrededor de la empuñadura.

Viktor señaló la cabina de tiro más cercana.

—Vamos. Posición básica. Pies separados al ancho de hombros. Rodillas flexionadas. Cuerpo inclinado ligeramente hacia adelante. Dos manos en la pistola. Brazo dominante firme, el otro apoya.

Carl imitó la postura pero temblaba un poco.

Viktor se puso detrás de él, corrigiendo sin tocarlo.

—Mantén los codos relajados pero firmes. Mira por la mira. Respira. Inhala… exhala… aprieta el gatillo despacio.

Carl apuntó al blanco a diez metros. El primer disparo fue un estruendo que le sacudió todo el cuerpo y un zumbido atronador y molesto en los oídos.

La bala se fue alta y a la derecha.

—Demasiada tensión en los hombros— dijo Viktor sin burla. —Relájate. El arma no es tu enemiga. Es una extensión de tu brazo.

Carl disparó otra vez, una y otra y otra vez. Al quinto tiro, el blanco empezó a tener agujeros cerca del centro.

Dimitri sonrió apenas.

—No está mal para un principiante.

Carl bajó el arma, el brazo temblando por el retroceso.

—¿Cuánto tiempo me va a tomar sentirme… seguro?

Viktor lo miró fijo.

—No se trata de sentirte seguro. Se trata de saber que, si alguien entra por la puerta de tu casa, tú eres el que decide qué pasa después. Eso no se aprende en un día. Se aprende con práctica. Con sudor. Con miedo que se transforma en control.

Carl asintió levemente.

—Quiero seguir. Quiero aprender todo lo que puedas enseñarme.

Viktor lo estudió un momento.

—Entonces vendrás tres veces por semana. A las siete de la mañana. Sin excusas. Sin retrasos. Y Carl… esto no es un juego. Si vienes aquí, vienes en serio. Porque cuando tocas un arma, tocas la muerte. Y la muerte no perdona errores.

Carl miró la pistola en su mano.

—Por Misha. Por Elena, voy a venir, en serio.

Viktor asintió.

—Entonces empezamos mañana de verdad. Trae guantes. Trae voluntad. Y trae la cabeza fría.

Carl guardó la pistola en la funda que Viktor le extendió.

—Gracias— dijo, y esta vez la palabra sonó sincera.

Viktor no respondió con palabras. Solo con un gesto de cabeza.

Carl salió del polígono. Subió a su auto y se quedó un rato mirando la mansión Ivanov por el retrovisor, y después sin decir más, se fue.

Ya después de un rato, en la mansión, Viktor cerró el armero y miró a Dimitri.

—¿Crees que aguante?

Dimitri sonrió de lado.

—Si aguanta el orgullo… aguanta todo. Y si no… al menos lo intentó. Por su hijo. Como tú lo harías.

Viktor suspiró, mirando hacia la casa donde Sofía y los niños esperaban.

—Por sus hijos. Por los nuestros. Por eso vale la pena.

Y mientras la nieve empezaba a caer otra vez, suave y silenciosa, Carl conducía de regreso a casa. Con una pistola en la guantera. Con una cita para aprender a usarla.

Con la certeza de que, quizás, el hombre que siempre había visto como enemigo… era el único que podía enseñarle a ser el padre que su hijo necesitaba. Y eso… eso ya no le parecía humillación. Le parecía necesario. Le parecía correcto.

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