Marco.
Ahí estaba otra vez.
Cassandra. La zorra que me tuvo excitado toda la noche, envuelta en un camisón sedoso que se le pegaba al cuerpo, exponiendo cada curva en capas.
No dije ni una palabra. Solo me eché hacia atrás en mi silla, cruzando los brazos mientras mantenía la mirada fija en ella.
Parecía un desastre: el pelo revuelto, los labios hinchados y la rabia claramente escrita en su cara. Me hizo preguntarme si había corrido directo desde la cama… o si estaba sonámbula a estas horas.
—H