Cassandra
Salí de su despacho con la cabeza gacha, hundida en la VERGÜENZA. La única pregunta que podía hacerme era: ¿Cómo? ¿Cómo permitía constantemente que Marco me humillara de esa manera?
Escuchar a Marco escupirme esas palabras degradantes solo me hizo darme cuenta de lo débil que me había vuelto. Y lo odiaba. Me odiaba a mí misma por ser tan floja y estúpida.
Me sentía diferente. Ya no era la misma Cassandra de respuestas ingeniosas; esta nueva versión de mí estaba literalmente babeando