Sintió deseos de regresar a su país. El encanto del paraíso, a pesar de seguir siendo el mismo, empezaba a perder encanto dentro de su ser. Pero no se trataba de la presencia de un mar más oscuro o de un cielo repleto de nubes negras o de experimentar unas temperaturas bajo cero; no, el lugar continuaba pareciéndose más a una isla del caribe que a las costas del oeste canadiense. Sin embargo, su espíritu estaba más cerca de sentirse en el infierno que en el paraíso. Había venido a escribir