Hubiese sido el estado ideal, si no fuera por el cansancio físico de los tres, la herida en el pie de Aikaterina, y los raspones sufridos por la rodilla de Pablo. Se encontraban compartiendo en la acogedora sala de la vivienda de las gemelas. Tuvieron la suerte de ser recogidos por un hombre del pueblo quien, al verlos avanzar con dificultad, no dudó en detenerse e invitarlos a subir a su camioneta. De lo contrario se hubiesen visto obligados a caminar el kilómetro y medio que los separaba