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Lentamente, llevando una velocidad menor a la de alguien conduciendo una bicicleta, Pablo recorrió los cinco kilómetros entre el pueblo y el faro con su mirada concentrada en los bordes de la carretera, las zanjas y los terrenos aledaños, en busca de cualquier pista del paradero de Aikaterina. La joven griega habría podido utilizar el camino de la playa para regresar, aunque si mal no recordaba, gracias a haberlo recorrido al trote, en compañía de Marize , este era mucho más largo. Sin embargo,