“Las cosas hay que disfrutarlas mientras duran. Nada es eterno”. Aileen sabía que esa era su realidad. Sumando el acoso del teniente al regreso de la enfermedad, daba como resultado un panorama poco halagador. Era consciente de los cambios, de lo nuevo. No quería ser pesimista, pero tampoco quería engañarse. Si no lograba manejar esos dos problemas, sus días al frente del cuidado del faro y su permanencia en el pueblo estaban contados. Al mismo tiempo se daba cuenta de las indecisiones de