Le alzó el pulgar en señal de admiración.
—Solo fueron estudios, nada del otro mundo.
—¡Ay, mira la hora! —Antonia comprobó su reloj—. No puedo retrasarme: Mario me puso geolocalización y si no llego puntual a la academia, le habla al profe.
Se echó a correr hacia el ascensor; cada par de pasos se volvía:
—¡Doctora, quedamos en vernos! ¡Te invito a comer… con el dinero de Mario!
—Hecho —respondió Luciana, riendo. Era evidente lo unida que estaba esa chica a su antiguo residente.
***
Tras finaliz