Al otro lado, Alejandro sintió una punzada: alegría por la confianza de Luciana… y pena porque no pedía permiso: solo lo informaba.
—Está bien, entendido.
Pero Luciana añadió enseguida:
—De Alba ya hablé con Martina; irá por ella. ¿Podrías pedirle a Elena que prepare su mochila, por favor?
—No —soltó él de inmediato, frunciendo el entrecejo—. ¿Para qué llevarías a Alba a una casa con un enfermo? Su sistema inmune es frágil; podría contagiarse de lo que sea.
Luciana lo sabía, pero dudó: de no est