Primer latido de alarma: Luciana sigue arriba; anoche la dejé molida. Si se cruzaba con Mónica, adiós a tres años de buena conducta.
Frunció el ceño.
—Dile que no estoy…
—¡Alejandro! —Mónica irrumpió antes de que la criada pudiera frenarla.
—¡Eh! —Patricia trató de detenerla—. No la han invitado a pasar.
Mónica ignoró el reproche; ojos enrojecidos, clavó la mirada en él.
—¿Ahora también me niegas un minuto cuando realmente te necesito?
El gesto desesperado podía despertar a Luciana. Alejandro re