Sin embargo, nada pasó.
En lugar de la alarma, sonó el característico ding del arranque. Luciana abrió los ojos de golpe: ¡la contraseña era su aniversario de boda!
Y no el día de la ceremonia que todo Muonio recordaba, sino la fecha en que firmaron el acta, la que casi nadie conocía.
¿De verdad Alejandro la guardaba en la memoria… y como clave de su portátil?
El corazón le retumbó en el pecho, pero no había tiempo para sentimientos. Apretó los dientes y se concentró en lo urgente.
Sus dedos vol