Que llore, pensó. Hay lágrimas que es mejor dejar salir antes de que se vuelvan veneno.
***
Noche, villa Trébol
Luciana se acercó a la puerta del despacho con un cuenco de infusión caliente y dio un par de toques suaves.
Alejandro había llegado temprano esa tarde; incluso cenó con ella y con Alba. Luego se refugió en el estudio.
—¿Trabajando? —preguntó mientras dejaba la infusión en la mesita auxiliar.
—Ajá —respondió él, alzando los ojos apenas.
—La temperatura está perfecta… —murmuró ella, sop