Con el bochorno de la temporada, aquel chaparrón traía un ligero respiro.
Guardó todo, apagó las luces, cerró con llave y se dispuso a volver a su departamento. Al salir, abrió el paraguas y bajó los escalones, pero una voz la detuvo:
—Marti.
—¿Eh? —giró por instinto. La sorpresa se le congeló en el rostro: Vicente.
¿Qué hacía allí?
Martina frunció apenas el ceño, aunque procuró no ser hostil.
—Vicente, ¿qué estás haciendo aquí?
La pregunta sabía a obviedad, pero tenía que decirla.
Él avanzó un