Casi daban las cuatro de la tarde.
Luciana salió del quirófano y terminó de registrar el expediente del paciente. No tenía guardia esa noche, así que podía marcharse temprano.
Justo a tiempo para recoger a Alba.
Mientras se cambiaba, recibió la llamada de Alejandro.
—Estoy llegando al hospital, paso por ti —anunció él.
—¿Tan temprano hoy? —Luciana rió, sin rechazarlo—. Está bien, te espero.
—Perfecto.
Lo que no imaginaba era que Alejandro ya estaba bajo la torre de cirugía. Tomó el ascensor y, a