—Ahora que la señora Guzmán está aquí —continuó el guardia, tratando de congraciarse—, no queremos entorpecer este feliz reencuentro de esposos.
“Señora Guzmán”. Aquellas dos palabras le endulzaron el ánimo a Alejandro al instante; hasta los guardias le parecieron simpáticos.
—Todo en orden. —Tomó su identificación de manos de la enfermera—. Mi esposa está cansada; me la llevo.
—Claro, que descansen —balbucearon los guardias, sudando alivio.
Alejandro enlazó los dedos con los de Luciana, sin imp