—Entonces… —Alfonso entrelazó los dedos—, ¿seguimos tirando de la cuerda?
—Por supuesto —no dudó ella—. Después de tres años de callejones sin salida, al fin tenemos algo. No pienso soltarlo.
—Muy bien. —El detective asintió; al fin y al cabo, trabajaba bajo encargo—. Seguiremos esta línea.
Luciana respiró hondo. “Y si al final resulta humo”, se dijo, “buscaré otra puerta. Hasta que salga la verdad.”
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Aún era temprano cuando salió de la agencia. Su primera idea fue llamar a Martina para visit