Incluso ese lazo clandestino había sido forzado por él mismo. ¿Le estaba permitido ambicionar algo más?
***
De vuelta en la ciudad, Luciana tomó un taxi directo a una agencia de detectives privados.
La habían llamado al amanecer: por fin había pistas sobre el caso de Mónica. Al teléfono no podían entrar en detalles, así que pidió cita inmediata.
—Doctora Herrera, adelante, siéntese.
—Gracias.
Luciana tomó la silla sin perder un segundo.
—¿Qué averiguaron? —preguntó con premura—. ¿Tienen pruebas