—Luciana… —Él la estrechó un poco más, bajando la voz con un matiz sombrío—. Me gustas.
¡Boom! Luciana se sintió como si hubiera recibido un calambrazo.
—Ja…
Adrián soltó una risa incómoda y siguió hablando:
—Lo admito, puede que a mi edad suene ridículo, pero los sentimientos no se controlan. Jamás pensé que, a estas alturas, alguien pudiera hacerme sentir así otra vez.
Volvió a tirar de la mano de Luciana, disfrutando del tacto suave de su piel.
—Esto es en serio. Te quiero y te voy a cuidar.