Por fortuna, Vicente la sujetó de la cintura antes de que cayera o fuera a parar en brazos de aquel desconocido.
—Lo siento mucho.
Martina se enderezó de inmediato, acomodándose el cabello con nerviosismo. Cuando levantó la mirada, se quedó helada.
—¿Eh?
Vicente también parpadeó con sorpresa, para luego soltar una pequeña risa.
—Señor Morán, cuánto tiempo sin verte.
—Señor Mayo.
Salvador miró de reojo cómo él rodeaba la cintura de Martina, esbozando una ligera sonrisa.
—Sí, ha pasado tiempo.
Al