—Claro, porque si te hubieras fijado en mí, no haría falta pensarlo tanto. Cuando a uno le gusta alguien, lo siente sin que nadie se lo diga —dijo Martina, con un deje de tristeza.
Vicente frunció el ceño, como si estuviera ante la situación más complicada que había vivido en su vida:
—Marti…
—No te preocupes —lo interrumpió ella con una sonrisa suave—. Ya me lo imaginaba. Pero no quería quedarme con la duda, prefería decirlo todo y no arrepentirme después. ¿No crees?
Justo entonces, la puerta d