A la mañana siguiente, Luciana tenía programadas revisiones y tratamientos de recuperación posparto. Simón la acompañó hasta la clínica, pero prefirió quedarse afuera, considerando que eran revisiones “íntimas”.
Tumbada en la camilla, Luciana no podía ocultar su nerviosismo: su corazón latía con fuerza. Pasados unos minutos, alguien entró a la habitación.
Se trataba de una mujer joven, vestida igual que ella, con la misma bata de paciente.
—Señora Guzmán —la saludó con voz baja.
Luciana no veía,