—Oye, también encontré esto… —Simón sacó un sobre del bolsillo—. Lo dejó Luciana bajo la almohada. ¿Se lo damos a Alejandro?
—Dámelo.
La voz fría de Alejandro resonó de pronto. Simón casi dio un salto, no esperaba que él estuviera escuchando.
—Eh… aquí tienes.
Alejandro abrió el sobre con impaciencia. El texto no estaba escrito a mano, sino impreso; y se dirigía exclusivamente a él:
“Alejandro:
En menos de un año que llevamos conociéndonos, debo admitir que hubo momentos en los que fui feliz.