Alejandro se sorprendió, casi sin atreverse a creerlo.
—¿De verdad? ¿No me estás engañando?
—No… —repitió Luciana, sintiendo un leve temblor en el pecho. Se esforzó por mantener la voz serena—. Pero tengo una condición.
—¿Qué condición? —respondió él sin dudar—. Pide lo que quieras. Una, cien o mil condiciones… haré lo que sea.
—Bien, recuerdas que tú lo dijiste. —Luciana inspiró hondo, con un gesto casi imperceptible—. Haré lo que planteas: declararé ante la policía justo como Nathan me indique