Sin embargo, allí estaba Alejandro, deshaciendo el asunto con total facilidad, casi como si no hubiera sucedido nada. Al menos, para la justicia. Quizá por eso mismo, sentía un nudo de ira: ¿sería esa la misma forma en que él protegió a Mónica, negándolo todo?
Aun así, sabía que, por más que preguntara, Alejandro no lo admitiría. Y con el nacimiento prematuro de su hija, las prioridades habían cambiado. Luciana no quería dejar huérfana a su niña, ni darle la razón a quienes le deseaban un final